miércoles, 28 de abril de 2010

EL ORIGEN E HISTORIA DEL AJO


Quienes han estudiado esta maravillosa planta, creen que su origen probablemente fue el Asia Central, y específicamente proviene de una variedad de ajo llamada Allium longicuspic, (allium es un palabra de origen céltico que significa ardiente), propia y exclusiva de esa región, luego con el comercio se propago por el mar Mediterráneo y a través de los comerciantes europeos, especialmente los españoles, quienes facilitaron su distribución y convirtieron al ajo en un ingrediente básico para condimentar los alimentos.
Su procedencia es egipcia y los romanos lo difundieron en todo su imperio. Es el rey indiscutible de la dieta mediterránea, por lo que muy pocos platos de esa región no lo llevan. Puede secarse y usarse en láminas o molido. Su sabor y olor es picante.
América conoce sus beneficios y sus sabores a partir del siglo XIX, cuando fue introducido por los españoles y comenzó a cultivarse en todos los países del continente.
Los sumerios lo utilizaban 3.000 años antes de nuestra era principalmente como remedio contra los parásitos y como antiséptico. Los egipcios también lo utilizaban como un remedio eficaz para el dolor de cabeza y para vigorizar el corazón, alimentaron con ajo a los obreros esclavos constructores de las maravillosas pirámides de Egipto, y lo emplearon como antiséptico en sus momificaciones. En Grecia se le dio un cariz mágico; se dice que Homero rescato a Ulises gracias a los poderes mágicos de la planta, allí donde nació la cultura, los esclavos lo comían para evitar el tifus y el cólera.
Su matiz mágico combatía a las brujas, vampiros y malos espíritus en la época del oscurantismo. Todavía hoy en las películas de Hollywood se ve al protagonista enfrentarse contra Drácula llevando al cuello una ristra de ajos. En Alemania colgaban ristras de ajos detrás de las puertas.
Durante la II Guerra Mundial, se repartía ajo entre los soldados para que lo usaran como antiséptico sobre las heridas.
En la literatura también se encuentra mencionado el ajo como en Las mil y una noches, donde se narra la historia de un apasionado comedor de ajos que no pudo resistirse a la tentación de comerlos el día de su boda. Corrió a la cocina y preparo un arroz aderezado con gran cantidad de ajos, y se deleitó con este plato que era su predilecto. Su bella esposa detestaba el ajo, y comenzó a gritar indignada y a propinarle golpes cuando, en la noche de la luna de miel y ya en la alcoba nupcial, el desafortunado novio intentó besarla. Sin que él supiera qué ocurría, y, por tanto, sin dejarle tiempo para reaccionar, la mujer cogió un cuchillo y de un tajo le cortó tres dedos de una mano.
La moraleja de esta historia es que comer ajo tiene el gran inconveniente y es que penetra por todo el cuerpo y deja un terrible aliento y olor. Para aquellos que como el señor del cuento no pueden resistir la tentación de comerlos les será posible enmascarar en cierta medida este olor con limón, perejil, cardamomo y otras especias aromáticas.

Adobo para pescado
Es un adobo que se hace machacando en un mortero 4 dientes de ajo picados junto con una cucharada de pimentón dulce en polvo y una cucharada de orégano en polvo. Luego se añade ½ vaso de vinagre y ½ de aceite mezclado muy bien para lograr una media emulsión.

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